28 de jan. de 2012

Una Hormiga.

Un preso llevaba años viviendo absolutamente solo en su celda. No podía ver a nadie ni hablar con nadie, y le servían la comida a través de una ventanita que había en la pared.

Un día entró una hormiga en su celda. El hombre contemplaba fascinado cómo el insecto se arrastraba por el suelo, y lo tomaba en la palma de la mano para observarlo mejor, le daba un par de migas de pan y lo guardaba por la noche bajo su taza de hojalata. Un día, de pronto, descubrió que había tardado diez largos años de eclusión solitaria en comprender el encanto de una hormiga.




Anthony de Mello.